Walkaholik nació de kilómetros reales: rutas de fin de semana, trayectos urbanos diarios y ese momento en que una bota empieza a fallar a mitad de camino. Aquí contamos de dónde viene el proyecto, qué nos mueve y cómo elegimos cada par que entra en el catálogo.
Walkaholik no nació de un plan de negocio cerrado, sino de una libreta llena de rutas anotadas a mano. Estas son las etapas que marcaron el rumbo del proyecto y las decisiones que todavía hoy sostienen el catálogo.
Empezamos midiendo kilómetros propios: senderos de ribera, caminos de grava y travesías urbanas de fin de semana. Cada par que probábamos se anotaba con el terreno, la distancia real y el punto donde aparecía la incomodidad. Esa libreta sigue siendo el primer filtro antes de incorporar cualquier modelo al catálogo.
Nos cansamos de descripciones que solo hablaban de "máximo rendimiento". Decidimos escribir cada ficha con drop, tipo de pisada, terreno recomendado y kilometraje orientativo. Un cliente que camina 5 km al día no necesita lo mismo que quien prepara su primera ruta larga, y eso debía leerse antes de comprar.
Las devoluciones por talla nos enseñaron algo simple: cada marca calza distinto. Empezamos a medir plantillas con cinta y a comparar hormas entre modelos de caña media y zapatillas de trail. Hoy publicamos esa comparación en la guía de tallas, con el ancho de horma y el volumen interior como referencia.
Un par de botas no debería jubilarse por una costura suelta. Incorporamos plantillas técnicas, cordones y suelas de repuesto, y publicamos guías de limpieza y secado para cuero y membrana. Alargar la vida del calzado es parte del servicio, no un añadido comercial.
Con la sede operativa en España, ampliamos la logística para que un pedido llegue antes del fin de semana. Eso nos obligó a ajustar stock por tallas frecuentes y a mantener un canal directo para resolver dudas de ajuste antes de enviar, sin intermediarios ni respuestas automáticas.
Walkaholik no nació de un plan de negocio, sino de kilómetros acumulados. Estas son las etapas que marcaron el rumbo del proyecto, desde las primeras pruebas con botas prestadas hasta la tienda que hoy reparte por toda la península.
Dos amigos empezaron a anotar en un cuaderno qué calzado aguantaba mejor las rutas cortas de fin de semana por senderos de tierra y tramos de asfalto. De ahí salió la primera tabla comparativa de pisada y drop.
Decidimos dejar de vender de todo. Nos quedamos con botas de caña media, zapatillas de trail y plantillas técnicas, y empezamos a explicar en cada ficha para qué terreno y cuántos kilómetros sirve realmente cada modelo.
Publicamos las primeras guías de tallas reales comparadas entre marcas y una rutina sencilla de mantenimiento: limpieza, secado sin fuentes de calor y renovación de plantillas cada temporada.
Abrimos el servicio de reposición de cordones, plantillas y piezas de desgaste, y ampliamos la logística para cubrir toda la península con plazos claros y sin sorpresas en la entrega.
Organizamos salidas cortas para probar material en condiciones reales. La idea sigue siendo la misma: que nadie compre una bota sin saber antes cómo se comporta en su terreno habitual.